La Universidad Latinoamericana de las Periferias es una necesidad

Los movimientos populares y las organizaciones eclesiales que impulsamos la Universidad de las Periferias vemos la necesidad de consolidar nuestro camino a través de la producción del conocimiento, porque necesitamos seguir encontrando respuestas reales para nuestros barrios, nuestras comunidades, nuestros espacios de trabajo. Necesitamos hacerlas perdurables y transmisibles. Hacerlas comprensibles a las superestructuras académicas y políticas. Que puedan permear estas superestructuras para superar la racionalidad tecnocrática que subyace en las políticas públicas, racionalidad que en última instancia se pone al servicio de los poderosos y las tendencias colonizadoras del pensamiento elitista. Racionalidad abstracta y desconectada de nuestra realidad y nuestros contextos. Si logramos jerarquizar nuestras búsquedas y caminos, las políticas públicas nos serán también menos esquivas. Este momento histórico nos exige disputar el pensamiento. Comprendemos que es tiempo de construir una herramienta propia para la recopilación, sistematización, consolidación, difusión y legitimación de las respuestas y pensamientos que surgen en el marco de la cultura popular.
Este es el objetivo de la Universidad Latinoamericana de las Periferias. Creemos que debemos hacerla juntos, porque al fin de cuentas, al caer la noche, somos las organizaciones sociales y religiosas las que estamos en el territorio.
Aun cuando la Universidad Latinoamericana de las Periferias surge como una iniciativa de las Familia Grande Hogar de Cristo (FGHC) y Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), aspiramos a que sea el lugar donde también otras comunidades puedan validar sus experiencias a través de la producción del conocimiento. Estamos hablando de otras organizaciones sociales que no están nucleadas en UTEP, así como de las CEBS y otras comunidades de base no católicas. Asimismo, queremos caminar este proceso junto a organizaciones sociales y eclesiales de toda América Latina.
De esta manera, la Universidad va a ir poniendo letra a muchas búsquedas de distinto signo y fundamentos. No aspiramos a alcanzar un pensamiento único sino a que todas las comunidades que compartan el presente manifiesto puedan desarrollar y proyectar su pensamiento de manera crítica y sistemática. Por eso no hablamos simplemente de una universidad, que pone el acento en la unidad del pensamiento, sino más bien en una universidad poliédrica donde deben caber no solo todos los pensamientos que emergen de las comunidades sino también todas las racionalidades y formas de vincularse con la realidad.

¿Se puede estudiar en los barrios sin conectividad a Internet? La brecha digital es histórica en la villa, pero se visibilizó con la pandemia y el aislamiento.

Antecedentes
La Familia Grande Hogar de Cristo (FGHC) es una federación de centros barriales que acompañan de manera territorial, integral y comunitaria a las personas que están arrasadas subjetivamente por el consumo de sustancias y la exclusión social en las villas, asentamientos y barrios populares de la Argentina.
Tiene por finalidad principal que estas personas encuentren en la Iglesia una familia que las abrace y a partir de ese apoyo y ese acompañamiento puedan reconstruir su vida devastada. Este objetivo implica por una parte que en esos centros barriales se reconstruyan los vínculos comunitarios para alcanzar en el territorio un cuidado similar al de una familia, y por otra parte exige una transformación en la Iglesia.
En efecto, si las comunidades eclesiales ven a los más pobres como alguien a quien hay que ayudar, y no como una hermana, un hermano, o un otro igual a mí sus prácticas se vuelven de beneficencia, conservan la asimetría, y son incapaces para buscar genuinamente la justicia. Asimismo, mientras las comunidades eclesiales se reduzcan a la mera administración de los sacramentos, control de la doctrina y de la moral, la comunidad cristiana será solo un tibio sueño, tan bello como lejano. Pero cuando las comunidades ponen en el centro a los más pobres y se vinculan con ellos con vínculos de reciprocidad, entonces quienes estaban rotos se ponen de pie y se disponen a abrazar y acompañar a otras personas, y en las comunidades brota la alegría y rebozan de vida.


Las organizaciones sociales nucleadas en UTEP son producto de una larga historia de luchas que surgen a partir de la consolidación del modelo neoliberal en la década de 1990. El movimiento de desocupados, campesinos, horticultores, indígenas, cartoneros, costureros, constructores, vendedores ambulantes, trabajadores de cuidados, obreros de empresas recuperadas, hombres y mujeres excluidos del mercado laboral que se inventaron su propio trabajo, que fueron organizándose y dándole una lógica colectiva a esta economía popular.
Nuestras organizaciones reúnen a los villeros, habitantes de los asentamientos y barrios populares, y los organizan para resolver los problemas cotidianos como el acceso a la salud, la educación, la integración urbana y los cuidados de los más frágiles.
Para alcanzar estos objetivos y garantizar que los pobres puedan resolver los problemas más centrales de la vida, las organizaciones eclesiales y movimientos populares intentan incidir en los destinos del Estado disputando leyes, generando o interviniendo en causas judiciales y empujando políticas públicas en los distintos estamentos del Estado nacional, provincial y municipal. Los logros que se alcanzaron en este sentido muchas veces deben ser atribuidos a la negociación política de la Iglesia y las organizaciones. Estas últimas también logran sus objetivos a partir de sus planes de lucha que se expresan fundamentalmente en las movilizaciones populares. Si así no fuera, este amplio sector de la población sería prácticamente invisible para el resto de la sociedad, mero objeto de alguna eventual filantropía.

Contexto
Después de un largo ciclo neoliberal signado por el pensamiento único y el llamado fin de la historia, la irrupción de los gobiernos populares-progresistas en la región fue un signo de esperanza para quienes cotidianamente trabajan para generar condiciones de justicia e igualdad en el marco de los territorios excluidos. En los albores del nuevo milenio, estos gobiernos lograron una mayor distribución del ingreso, pero en general no lograron cambios estructurales en la matriz injusta de nuestras economías ni ablandar el núcleo duro de la pobreza, esas cadenas que someten a cientos de millones de latinoamericanos a la exclusión. Muchas veces, bajo un lenguaje y banderas progresistas encabezaron una gran cruzada mediática contra el neoliberalismo conservador, pero eso no se tradujo en una distribución más justa de la tierra, ni en un acceso igualitario al techo, ni en un apoyo claro a la generación de trabajo digno de este sector descartado. Tampoco lograron superar los valores de la globalización capitalista: la competencia, el individualismo, el exitismo, el consumismo.

Esta asimilación de los valores inhumanos del sistema derivó en omisiones y corrupciones graves.
Con todo, estas experiencias buscaban la unidad regional y la reconstrucción de la Patria Grande latinoamericana en un marco de mayor justicia social, aspectos que reivindicamos y reconocemos. La restauración de los gobiernos conservadores y neoliberales, muchas veces precedidas por distintas formas de injerencismo, proscripción y hasta golpes de estado, volvió a profundizar, una
vez más, la desigualdad, la concentración, el endeudamiento, el revanchismo, la xenofobia y una pedagogía de la crueldad que encontraba en los de abajo y afuera la razón de los problemas de los del medio para arriba, sembrando odio y división en nuestros pueblos. Llamativamente, esta ofensiva antipopular se desarrolló en nombre de la república, la democracia y la transparencia.
Desde los sectores populares creemos que ni las vanguardias progresistas ni las derechas conservadoras conocen y comprenden las necesidades de los territorios más pobres. Los centros de poder e irradiación ideológica no pueden comprender las periferias y abierta o sutilmente las desprecian. Las categorías de análisis con las que los centros de pensamiento intentan acercarse a las periferias no son propias de estos territorios ni pueden interpretarlas en toda su
profundidad.
Asimismo, los valores hegemónicos que moldean la conducta de las élites dirigenciales son incompatibles con un verdadero desarrollo humano integral que abarque todas las dimensiones del ser humano y a todos los seres humanos, en particular de los excluidos y descartados. La Universidad Latinoamericana de las Periferias propone explorar el potencial de la cultura popular y sabiduría de nuestros pueblos. Es necesario reconocer el conocimiento que tienen los pueblos y su capacidad para ir encontrando respuestas. Y también hay que escuchar sus problemas, que no son los tips de la agenda del Banco Mundial, los programas enlatados de las ONGs, la lógica liberal de la academia progresista ni el magro asistencialismo de las burocracias estatales sino las necesidades concretas encarnadas en las comunidades y el territorio.
El cristianismo eclesiástico, clerical y globalizante tampoco es capaz de apreciar los valores propios de la cultura popular y tiende a buscar siempre las fuentes de sus pensamientos y liturgias en Roma. Ese cristianismo se expresa como la Iglesia del control: intenta controlar la doctrina, la moral, la administración de los sacramentos. Se hace sorda a la acción de Dios en el pueblo y pretende que las respuestas necesarias para las dificultades de la vida sean aportadas monopólicamente por sus ministros. Muchas otras formas del cristianismo reformado se inscriben de igual manera en esta dinámica del poder y el control, agregando una cuota de individualismo propia de las teologías de la prosperidad.
En este sentido, la Universidad de las Periferias aspira a pensar desde abajo. Esos abajos son en América Latina lo que conocemos como cultura popular, y son el fruto del encuentro entre el cristianismo y las culturas originarias prehispánicas. Fue este encuentro el que hizo emerger una nueva identidad latinoamericana, una nueva nación de naciones que todavía busca su camino a
la unidad. Una Patria Grande que se expresa en la convivencia intercultural de nuestros barrios. La comprensión de esta síntesis es fundamental para la comprensión del momento presente.
Las corrientes liberal-progresistas por el contrario intentan sacarse el lastre conservador de un cristianismo que aparece como el adversario en la lucha cultural y subsumir los movimientos nacional-populares a una dinámica de cariz individualista, ligada exclusivamente a los derechos y libertades civiles. En los últimos años apenas si se escucha hablar de reforma agraria, nacionalizaciones, control de la producción. Mucho menos se plantea socializar los medios privados de producción o derrotar el imperialismo. Las aspiraciones de este sector parecen haberse concentrado en objetivos culturales como la legalización del aborto, la liberalización de las políticas de drogas, la regulación del trabajo sexual, la reivindicación de ciertas minorías. La mirada de este progresismo, sus categorías y métodos de análisis suelen ser también europeizantes. Aun cuando muchos de sus autores y autoras han nacido en Latinoamérica, sus bases filosóficas y políticas están en Francia, Alemania, Inglaterra…
Pero hay otra voz distinta a la de los conservadurismos y los progresismos tributarios del capitalismo global. Una voz que se escucha poco, que molesta, que golpea la cómoda pluralidad de la democracia formal y el pensamiento hegemónico. Una voz que trae el eco de todas las grandes gestas de nuestra Patria Grande, desde su primera independencia hasta la resistencia popular a las dictaduras, silenciadas por las historiografías hegemónicas. Surge de la identidad de los pueblos y no se siente interpretada cabalmente por ninguna de las corrientes antedichas. Según el territorio se expresa en sus propias liturgias, tiene sus propios sistemas de creencias, sus modos de vincularse y de resolver.
La Universidad Latinoamericana de las Periferias pretende ser oído y megáfono para el Pueblo silenciado y excluido.

Diciembre 2019. Primera camada de egresados del Instituto Parroquial Virgen Inmaculada, una de las 4 escuelas de las villas de CABA gestionadas bajo el modelo de escuela pública de gestión privada y cuota cero. Hoy esos Bachilleres que se inscribieron en una Universidad están estudiando sin conectividad a Internet.

Arraigo
Vemos con preocupación que las universidades y centros de formación intelectual en general están lejos de la realidad de nuestros barrios; que reproducen los saberes de las universidades europeas y norteamericanas sin preguntarse demasiado si esas teorías, esas categorías de análisis y esos saberes son significativos para nuestra realidad; que producen un conocimiento habitualmente descontextualizado y desconectado de nuestras preguntas y problemas; que a sus egresados les cuesta muchísimo incorporarse al trabajo en estos territorios y poblaciones marginalizadas y que para hacerlo necesitan la mediación de alguna organización de base que con paciencia les enseñe a ver.
Comprendemos que no hay posibilidad de responder a las necesidad de las clases populares, ni de diseñar políticas eficaces si se desconoce la cultura popular. Una de las causas principales del desencuentro entre la academia y la cultura popular es que el método tecnocrático que rige la construcción de la evidencia es deudor de la epistemología empírica de la fragmentación, y en la
vida concreta en la que se desarrolla la cultura popular todos los temas están mezclados y relacionados. Sólo hay ciencia de lo general, y la abstracción es la clave para alcanzarla. Sin embargo, la abstracción no existe en la realidad porque ésta es siempre concreta, y por lo tanto aparece siempre entremezclada con otros factores que la abstracción desecha. La pregunta es entonces cómo hacer dialogar los contenidos abstractos con las realidades concretas, porque
esa relación que supusimos que debía darse espontáneamente es lo que vemos fracasar a diario en nuestros barrios. En otras clases sociales la organización de la vida permite aceptar en cierta
medida esa fragmentación: una cosa es el trabajo, otra el acceso a la salud a través de una obra social o una prepaga, otra la educación de los hijos, otra la vida religiosa. Cada una de esas necesidades tiene una institución que garantiza su respuesta con una normativa y existe una legalidad que administra la interrelación entre ellas: hay licencia por enfermedad, jornadas laborales que permiten el cuidado de los hijos o el cultivo de una espiritualidad, etc.
Esto no ocurre así en las clases populares en las que todas las cosas aparecen mezcladas. El cartonero sale a trabajar con sus hijos subidos en el carro porque no tiene con quien dejarlos, da gracias a Dios porque encontró en la calle algo que le sirve para la casa, se enferma y no puede dejar de trabajar para ir a un hospital porque las esperas son interminables y necesita el dinero que consigue a diario. Y es más, esa línea divisoria que separa lo sagrado y de lo profano
tampoco existe en las clases populares, para quien está a la intemperie toda la vida es relación con Dios.
Y mientras la ciencia tecnocrática avanza dividiendo, generando especialidades
y subespecialidades, y organizando las instituciones cada vez más especializadas -y por lo tanto fragmentadas- en función de sus negocios, la vida en los sectores populares necesita ir organizándose cada vez más en función de la integralidad.
Para quien tiene problemas de accesibilidad, es malo multiplicar las oficinas.
El problema que vislumbramos es que esta tendencia a la fragmentación va a ir profundizándose, porque el motor que mueve a la ciencia es mayoritariamente el afán de lucro y si un conocimiento no es negocio o no responde a los clichés diletantes para gustos refinados tiene muchas menos oportunidades de ser investigado que aquel que sí lo es. Asimismo, la fragmentación al concentrarse en una parte va perdiendo de vista a la persona humana que solo puede ser descubierta por la mirada integral, y por lo tanto va deshumanizando progresivamente sus respuestas. Dicho de otra manera, la ciencia tecnocrática y su tendencia a la fragmentación del saber bailan al ritmo de la economía capitalista, que en su afán de lucro perdió de vista a la persona humana y avanza en la deshumanización del mundo. Esa fragmentación que es epistemológica se convierte rápidamente en administrativa. Los organigramas de los gobiernos se dividen por temas y subtemas, y ejecutan sus presupuestos siguiendo las mismas lógicas de fragmentación y alcanzando en última instancia su ineficacia necia y ciega, y sin un atisbo de autocrítica traslada a los más pobres las culpas de su propia ineptitud. Este es uno de los motivos por los que es tan difícil concretar un proyecto nacional y regional de desarrollo humano integral.
En este punto radica un aporte fundamental de la cultura popular para nuestro tiempo: su mirada es integral, y lleva a mirar a las otras personas en todas sus dimensiones, y no solo desde un aspecto o dimensión de su vida.
Cuando nos podemos vincular con los demás en toda su dimensión personal nos vinculamos de sujeto a sujeto, la otra persona es alguien igual a mí, que siente, piensa, duda y cree como yo. Pero cuando miramos de los demás solamente un aspecto los reducimos a objeto (objeto de estudio, objeto de mi intervención, objeto sexual, objeto de mi beneficencia, etc.).
Todas las personas con todos sus recorridos, no solo las que entran dentro de algunos cánones morales, sociales, religiosos o raciales predeterminados; y en todas sus dimensiones… Este es el punto de partida para combatir la cultura del descarte. Con su mirada integral, la cultura popular es cultura del encuentro.
Otro de los grandes aportes de la cultura popular a nuestro tiempo es que es cultura de lo concreto, lo que lleva al Papa Francisco a enunciar que “la realidad es más importante que la idea” (EG 217-237)
Esta primacía de la realidad sobre la idea es un elemento bien latinoamericano, y una resistencia a los grandes sistemas ideológicos europeos. El cuerpo adquiere entonces el enorme valor de ser la mediación que permite el vínculo con el resto de la realidad, con los otros y con la Tierra. Pero el cuerpo implica también una racionalidad distinta a la mera intelectualidad. El cuerpo se vincula y conoce por proximidad, y esta es geográfica y afectiva. El cuerpo conoce mejor cuando ama, y dicho de otra manera, no se llega a conocer lo que no se ama.
Todos esos índices fríos con los que los organismos internacionales intentan leer la realidad de nuestros países pueden decir algo de la realidad, pero siempre, inexorablemente, quedan muy lejos de poder entender. Esas políticas públicas que se escriben en oficinas centrales para las periferias no tienen chances de ser eficaces. No hay respuesta para las clases populares si no se las conoce, escucha, ama y si ellas mismas no son protagonistas.
La Universidad Latinoamericana de las Periferias tiene el enorme desafío de traducir las virtudes, búsquedas, y dificultades de las clases populares para el resto de la sociedad a fin de validar su pensamiento y mover las políticas según la necesidad, porque siguiendo a Francisco, afirmamos que en las manos de los pobres no está sólo su propio destino sino el futuro de la humanidad.

Método
Uno de las claves principales del desencuentro de la academia con la cultura popular está dado por la falta de conexión con los territorios. Habitualmente encontramos universidades con un gran desarrollo de la docencia, poca investigación y una extensión universitaria que además de ser conceptualmente desarraigada es en la práctica casi nula. Si el vínculo con el territorio está dado fundamentalmente por la presencia de los alumnos que se encuentran en una posición de pasividad, y por una oficina de extensión universitaria que está casi vacía entonces esa universidad está transmitiendo un conocimiento que fue validado en otros lados y para otros contextos. Esos conocimientos, esas teorías y esos autores se revisten de una gran importancia porque muchas universidades en el mundo los valoran y hablan de ellos, pero tal vez no son lo que necesitaban nuestras comunidades en el tiempo y el contexto en que se encuentran.
Es fundamental entonces que la Universidad Latinoamericana de las Periferias transmita los conocimientos que estas comunidades necesitan. Por esa razón, el método de la Universidad debe comenzar siempre en las organizaciones populares y terminar allí. Proponemos el siguiente método:

  1. Relevamiento de los problemas, conflictos, dificultades y experiencias significativas
    de los territorios, comunidades y espacios de trabajo.
  2. Generación de foros y espacios de discusión para una primera comprensión
    de esos problemas.
  3. Procesos de investigación, sistematización y producción del conocimiento
    en función de esos temas
  4. Validación por parte de las comunidades territoriales de los hallazgos de
    esos procesos
  5. Elaboración de cursos presenciales y virtuales en todos los niveles académicos
    a partir de esos conocimientos
  6. Transmisión de esos conocimientos a las comunidades de base y los distintos
    actores sociales que interactúan con ésta
  7. Promoción de las políticas públicas y reivindicaciones populares que emergen
    de estos conocimientos
  8. Relevamiento de nuevos problemas y dificultades.

Horizonte

La Universidad Latinoamericana de las Periferias tiene una fuerte inspiración en
el cristianismo popular.
Ahora bien, como nos recuerda Francisco, la aportación
del cristianismo a la cultura es la de Cristo con el lavatorio de los pies, es decir
el servicio, el don de la vida y no debe ser una aportación colonialista.
En este sentido, es evidente que la experiencia colectiva e histórica de los
pobres, en la que se gesta una verdadera cultura, brinda una perspectiva diferente
de la vida y del mundo que permite captar ciertos aspectos de la realidad que
otros, en otro contexto, difícilmente perciben. Ellos tienen un punto de vista,
una pre-comprensión única e irrepetible que da origen a una cosmovisión, a una
escala de valores, a una sabiduría acerca de la vida que también tiene derecho
a formar parte del pensamiento de una sociedad, aunque se exprese de otra
manera.
En nuestro mundo hay un poder político, económico y también epistemológico. El saber es un modo de poder. La Universidad Latinoamericana de las Periferias, tendrá como horizonte poner el saber al servicio de una vida digna para los más pobres, tendrá memoria viva y presente de los más rotos y olvidados. Hará opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha. Se buscará entonces que en la currícula universitaria o en las distintas áreas del quehacer educativo, entre la vida concreta de los pobres, con sus preguntas, sus interrogantes, sus cuestionamientos.
El desafío será cómo ayudar a los jóvenes a no identificar un grado universitario como sinónimo de mayor status, sinónimo de mayor dinero o prestigio social. No son sinónimos. Hay que ayudarlos a identificar esta preparación como signo de mayor responsabilidad frente a los problemas de hoy en día, frente al cuidado del más pobre, frente al cuidado del ambiente. Este es un verdadero desafío educativo y espiritual (Cf. LS 202-246). La tensión polar entre persona y comunidad encuentra su solución en la óptica de la solidaridad, en la apuesta por la amistad social.
En esta línea se invitará a los alumnos a saborear el gusto espiritual de ser pueblo. Los alumnos por así decirlo son tomados de en medio del pueblo y enviados al pueblo, de tal modo que su identidad no se entiende sin esta pertenencia. La misión en el corazón del pueblo no es una parte de la vida, no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que no puede arrancarse del ser sin destruirse. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Si se separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo. (Cf. EG 268-274)
Los motivadores de la reflexión en la vida universitaria brotan de la vida concreta de los barrios populares. Lo que allí duele, lo que allí preocupa, los modos de organizar la comunidad para afrontar los distintos desafíos que se presentan. Y estos barrios son cientos, son miles, en nuestra Patria y en la Patria Grande de América Latina.
La pandemia que estamos atravesando ha puesto al descubierto con claridad las distintas periferias geográficas y existenciales. Deja ver en carne viva la injusticia social histórica que viven nuestros barrios. Las características habitacionales de las villas y los barrios populares están marcados por un gran hacinamiento, en el que la relación entre la cantidad de habitantes, el espacio y los servicios públicos esenciales (luz, agua, cloacas) es verdaderamente preocupante.
El COVID 19 pone de manifiesto esta situación cuando se vuelve necesario disponer de agua para lavarse las manos, o de espacio para hacer aislamiento.
Obviamente también las angustiantes preocupaciones de familias enteras que no saben cómo enfrentarán “la olla” la próxima semana.
En este contexto el pueblo es la comunidad organizada para cuidar, curar y compartir con los más frágiles, ayudarlos a ponerse de pie y a ser protagonistas de su historia. En la cultura del barrio, el pueblo no divorcia su fe cristiana de los proyectos históricos, y a su vez con sano realismo sabe, que ningún proyecto humano es inmaculado.
Aunque estemos entrando en lo más duro de la pandemia en los barrios populares, no podemos dejar de volver a señalar la necesidad de pensar el después de esta crisis. Y como habrá trabajo para años, nos parece que la Universidad Latinoamericana de las Periferias resultará una herramienta decisiva.
Uno de los ejes centrales de la Argentina que viene es la integración socio urbana de las villas y barrios populares, cuya columna vertebral es Tierra-Techo-Trabajo como derechos sagrados. Los últimos deben ser los primeros.
Esta lucha también hay que darla desde el ámbito universitario. El concepto de integración socio urbana busca proponer la “Cultura del Encuentro”, ya que las villas y los barrios populares aportan y le pueden aportar mucho más al conjunto de la sociedad. Y esto comienza por reconocer al pueblo, que vive en estos barrios, como sujeto colectivo, con su cultura, su lenguaje, su modo de razonar, su ritmo, sus símbolos. Esto no es populismo, es sencillamente respetar al otro en cuanto otro. En este encuentro los barrios pobres recibirán mucho, pero debemos reconocer que ellos ya aportan la “fuerza del nosotros” frente a la “cultura del yo” que mira únicamente la satisfacción de los propios intereses.
Esto inédito que vive nuestro mundo hoy, vuelve a poner de manifiesto un sistema cuya matriz global deja a tantos campesinos sin tierra, a tantas familias sin techo, a tantos trabajadores sin derechos, a tantas personas heridas en su dignidad. Aquí surge como horizonte de la Universidad Latinoamericana de las Periferias, el mostrar que las soluciones vienen también desde abajo, que también pueden irrumpir desde los márgenes. Y aún más el desafío de posibilitarlas.
Por último si hablamos de Universidad Latinoamericana de las Periferias aparece también como horizonte el “mestizaje”. América Latina nació mestiza, se conservará mestiza, crecerá solamente mestiza y ese será su destino. Patria necesariamente entraña una tensión entre memoria del pasado, el compromiso con la realidad presente y la utopía proyectada al futuro. América Latina es una Patria grande en gestación y a ello esta Universidad quiere aportar.

Un comentario en “La Universidad Latinoamericana de las Periferias es una necesidad

  1. Excelente iniciativa!!!. El pensamiento de Francisco es la culminación de 500 años de pensamiento latinoamericano, que nació mestizo en el proceso de inculturación del evangelio en nuestras grandes culturas americanas. Y desde los sermones de Montesinos en 1511 se ha sublevado contra la esclavitud y la injusticia y luchado proponiendo al mundo una nueva sociedad humana. Y también afirmando que el pueblo es el sujeto de la historia, que el mundo sólo se ve completo y se comprende desde las periferias. Y que es el pueblo el que concientiza a sus dirigentes. Francisco ha universalizado ese pensamiento. Y por eso lo comprenden todas las culturas y pueblos del mundo.
    ¡Bienvenida Universidad Latinoamericana de las periferias!

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